A este presente
me dan ganas de abrazarlo
para acallar su llanto.
Lo mismo que hago
cuando mi alumno autista
empieza a llorar sin control,
sin que me pueda explicar
el porque de su comportamiento.
Poco a poco en mi regazo,
entre mis brazos
se va calmando.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario