En Rucandio,nos fuimos comprando las
pinturas los unos los otros.
De esta manera casi todos tenemos
pinturas de otros.
El párroco quedó encantado y se lo comunicó al arzobispado
que alabó mucho nuestra iniciativa
y se animó a poner dinero para
la reconstrucción del campanario.
Mi madre por su parte buscó a un albañil
para que eliminara las polillas de las
maderas del suelo y le dejara adecentado.
El caso es que según me ha comentado
la Blanca,mi amiga de la infancia,
y durante décadas la alcaldesa de Rucandio,
un señor mayor se puso en contacto con el
Arzobispo para comunicarle que en sus ratos libres iba a poner iluminación al edificio.
De momento yo aún no lo he visto.
Al parecer está en ello.
Dorita.
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