En aquellos entonces se ganaba
bastante bien y también
se gastaba si era necesario.
Los Burgaleses como el resto de españoles
somos generosos...
por esta razón nos atrevimos los que
pintábamos en la familia a pedirle
a un galerista del centro de Burgos
a que nos dejará su Sala de exposiciones
para intentar vender cuadros
y enviarlo a las Islas de Kiniabalanga
y otras dos.
Estas están tal vez entre las más pobres
del planeta.
Hubo suerte y logramos juntar una cantidad
no despreciable de dinero.
Pasado un año volvimos a repetir
la operación en Logroño pero no resultó.
Dorita.
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