Los castaños,
que contemplo
desde mi ventana,
se han quedado
esqueléticos.
¡Ni una sola hoja!.
Sus ramas
se tejen en filigranas.
¡No solo yo
sola ,quien
los admiro!.
A su lado,
unas robustas
encinas,
quisieran
darlos amparo.
Les basta con acoger,
a unos tiernos pajarillos
que entre sus tupidas
hojas,
se duermen
como chiquillos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario