jueves, 2 de febrero de 2017



Mi cara,

ya no es

aquella,

sin arrugas,

blanca inmaculada

y con carmín

jamás pintada.



Ante el espejo

la veo,

claramente envejecida,

pero más afable

y comprensiva.


Los ojos,

aquella mirada

desafiante,

se ha tornado,

en otra  más apacible,

aceptando su vida

tal cual ha sido.

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