Mi cara,
ya no es
aquella,
sin arrugas,
blanca inmaculada
y con carmín
jamás pintada.
Ante el espejo
la veo,
claramente envejecida,
pero más afable
y comprensiva.
Los ojos,
aquella mirada
desafiante,
se ha tornado,
en otra más apacible,
aceptando su vida
tal cual ha sido.
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