Ya estarán pensando
las golondrinas
en volver,
como todos los años,
a nuestra casa de Rucandio,
para anidar.
Ni mi madre ni yo,
dormitando la siesta,
esperaremos
sus visitas.
A ella la vejez
la obligó
a cambiar de residencia.
Yo , quizás,
pase mi tiempo de descanso
paseando
por la arena del Cantábrico.
Lo prefiero...
a sufrir por las rencillas
en las que anda envuelto
el vecindario.
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