Que tú
no puedas venir
y que yo vaya.
Que se queden colgando las manzanas
contemplando
como las hojas
se las lleva el viento.
Que las heladas
dejen renegridas y estropajosas
las setas.
Los pocos encuentros,
a contrapelo concedidos,
volcanes
de desbordantes emociones.
Ni el frio,
ni los huracanados vientos,
ni el sol abrasador
acabarán
con el pulido diamante
de nuestra amistad.
Dorita.
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