En mi paseo con Juanita,
cuya finalidad era
el que no pensara
en esa bola negra y viscosa
que en el cerebro
se le había introducido,
le hablé
de la proliferación de meloncillos
en Rucandio.
Me dijo que no los conocía.
La acerqué a sus madrigueras
y enseguida aseveró que sí,que sí
había visto esos agujeros
por todo el monte.
Era normal
que no los hubiera visto.
Son nocturnos.
Fui a Google buscando otros nombres.
Cuando le hable de tejones
inmediatamente me contó
que sí,que los conocía.
Al parecer uno de ellos
se introdujo por una gatera
en una casa antigua que para nada usa.
El animal no consiguió salir
y allí murió por inanición.
Cuando abrió el lugar
casi le da un ataque de pánico.
El difunto Toñín lo cogió
y lo llevo a enterrar
a las viñas.
Dorita.
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