Todo amaneció en calma.
Descargada la tormenta,
solo la multitud de golondrinas
yendo y viniendo cual flechas
rompían por la mañana
el sosiego,la tranquilidad.
Sí,he madrugado
ya estaba en la calle
cuando al Sol se empezaba a intuir
entre las montañas.
Al final, después de coger unas moras,
me he ido hasta Ballorca.
Allí sí que no va nadie.
Lejana y de difícil acceso
se ha quedado
totalmente solitaria.
Se puede constar,
en los frutales abandonados,
el lento pero implacable
paso del tiempo.
Sí, aquí pasa lento.
Pareciera que nada ha cambiado
desde mi infancia...
pero...por todos los lugares
solo me quedan
los recuerdos.
Dorita.
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