Cogí a la Juanita
y me la llevé a pasear.
Era tarde
y al pasar por el pilón
se nos preguntó a donde íbamos.
A coger moras.
Porque sí...
yo iba también a coger moras.
Juanita prometió ayudarme.
Quince años más joven
pero le costaba más subir las cuestas
que a mí.
Me dijo que había tenido una buena idea
porque le habían diagnosticado
colesterol.
Objetivo...
hablar de todo
menos del problema
en el candelero.
Salió a mientes los ruidos nocturnos
de la casa vieja de las Conchitas.
Al parecer eran tan fuertes y estridentes
que ni a ella,
ni a la hija del difunto Andrés
las dejaban dormir.
La Juanita es química.
Abandonó la profesión
para dedicarse al negocio
de los árboles,
al ser hija única
casi por imperativo paterno.
Seamos lógicas y a pensar.
Tal vez es un gato constipado,
en Rucandio hay
para dar tomar y regalar.
¿También de día lo escucháis?.
Solo por la noche.
No habéis pensado en algún
ave nocturno
y ahí... directamente a Google
a buscar sonidos.
Y...eh Quilicura...
al escuchar la Juanita
los sonidos de la lechuza....
¡Esos,esos,sin duda!.
Bueno pues a callar.
Si das la voz de alarma
nos quedamos sin poderla contemplar.
También en mi leñera tengo
murciélagos y golondrinas
y no entro
para no molestar su intimidad.
Entonces me vino a mientes
lo que me contó la Emilia
cuando era yo muy pequeña:
"Hasta que no murió mi madre
no dejó de merodear
una lechuza por su ventana ".
Y se lo conté.
Su reacción fue increíble...
"Yo no creo en brujas".
Yo tampoco pero...
haberlas hailas.
Tenemos en el pueblo
una de noventa y siete
y otra que tal vez tenga más.
Las dos tente mientras cobro.
De cualquier forma
que triunfe la vida a la muerte
y que nuestra lechuza
no nos abandoné.
Es casi blanca y bellísima.
¡Qué no la moleste nadie!.
¡Qué la dejen criar!.
Dorita.
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