Hay un punto
en el verde valle,
cuando una piedra
en el calzado entra
para no dejarte andar,
que por obligación te paras
con hastío
por no poder avanzar.
Los pies ya se encuentran cómodos.
Los ojos
se alzan al cielo
y con la sierra se topan.
Entre los azules y verdes
ya se pierden
y el camino
deja de serlo
para quedar atrapado
por el espliego,el tomillo y
esos olores
que de pura intensidad
todo lo envuelven
y deja de interesar
porque y para que
saliste a andar.
Dorita.
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