Alejada del mar,
en medio de una desbordante naturaleza.
Donde en las montañas,
que cercan Rucandio,
parece que no cabe
un solo árbol más.
Como si el universo entero
se hubiera confabulado
para aquí depositar
su impronta,
la más sublime belleza.
Parece mentira
que en un lugar
que solo invita a la contemplación
y a la armonía
seamos nosotros los hombres
los únicos que sembramos
distopía.
Dorita.
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