Pero pensándolo bien,
algo empezaba a estar cantado.
El entonces directivo de Viesgo
resulta que dejó preñada a una Palentina
de dieciséis o diecisiete años.
Se casó con ella.
La cual hizo como si no se enteraba
de las correrías de su marido.
Todo aparentemente normal.
La cosa empeoró cuando los hijos
de la pareja frecuentaban en demasía
los porros y los estudios se esfumaban.
Aquello hizo tambalear
la unión.
Eso que hubo de por medio un segundo
matrimonio para dejar muy claro
a todo el mundo que el amor
entre ellos era de más allá de las estrellas.
Tanto que se estrelló
y la Palentina nunca más cohabitó
con su amado.
Un supuesto amor obsesivo
y posesivo que la llevó
a casarse con otro llamado
alcohol.
Dorita.
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