Éramos la segunda promoción
en aquel jovencísimo centro.
Los profesores nos mimaban.
Eran muy cercanos y aquello se parecía
más a una familia
que a una universidad.
Ellos me dió una increíble libertad
de movimiento conociendo
y relacionándome con todo tipo
de personas.
Desde reaccionarios con virulencia
al antiguo régimen hasta una excelente
mujer que era del Opus Dei.
Todos tenían cabida en mi cerebro
y en mi corazón.
Dorita.
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