Esperaba que la señora del al lado,
que parecía muy educada,
permaneciera en silencio y así dedicarme
a escribir en este blog.
De eso nada.
Sentía la necesidad imperiosa
de contarnos qué había pasado con otros
veintidós las Navidades en una casa
rural.
Sacó el móvil y nos mostró el lugar.
Se queja amargamente de que ha vuelto
a Santander medio inútil.
Que en ese tiempo las jóvenes se fueron
a andar pero que a ella y otras de su edad
las hacían todo y que no pudo
hacer nada.
Así que no sabe ni cómo.empezar
otra vez a recuperar su tono.
Lo primero al gimnasio.
La semana pasada una hora semanal.
La siguiente dos.
Se acuerda de cómo en el pasado
andaba dos o tres horas al día
Sardinero a arriba,
Sardinero abajo.
Dorita.
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