En la otra clase estaba un señor,
hermano de la Salle también,
que rondaba los setenta.
Todo lo anticuado que me parecía a mí
en educación lo suplía con lo cariñoso
que era con los niños.
Lo que recuerdo de él es esa manía suya
de cronometrar la velocidad en la lectura.
Pasaba de la comprensión...pero
los niños tenían que ir toda leche.
Dorita.
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