Al siguiente año me tocó
en un colegio femenino de prestigio
pero no recuerdo su nombre.
Se que habían estado allí
las sobrinas de Honorio.
Allí caí en un curso donde la responsable
era la directora.
Mente privilegiada.
Aprendí a estar en segundo plano.
En dejar hacer y expresarse a los alumnos.
Solo intervenir cuando era estrictamente
necesario.
Debido a su cargo se multiplicaba
trabajando.
A mí me tenía asombrada.
En un momento dado me dijo:
"Respondes a tu trabajo mejor
de lo esperado y por lo tanto
me marcho a Madrid porque me necesitan
y te dejo totalmente responsable
de la clase".
Casi me da algo.
Nome quedó más remedio.
Así que me colocó un 10 redondo
en su valoración.
Dorita.
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