En ese colegio trabajaba una monja
que después dejó la enseñanza
y se fue a clausura de la que Honorio
me contó una preciosa historia.
Resulta que una vez le preguntaron
las alumnas que como era el cielo.
Ella les contó esta historia.
Había una vez un castillo
y los que estaban dentro bailaban
y tocaban música.
También disfrutaban de juegos.
Leían preciosos libros.
Jugaban a las damas y ajedrez.
El castillo estaba rodeado de una muralla.
Fuera había un caballo paciendo
y al escuchar la música pensaba:
"Ahí dentro deben estar comiendo
los brotes más frescos y excelentes
que yo jamás haya probado".
Terminó...pues así nos pasa a nosotros.
Somos como el caballo que escucha
la música.
Dorita.
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