Mis clases las impartía
en la casa de los alumnos.
Pronto empecé a trabajar con un número
considerable de ellos.
El primero tal vez el más difícil.
Le costaba muchísimo entender
y retener.
Hizo grandes progresos.
Su profesor no lo reconocía.
Me presenté en el colegio,los jesuitas,
y busque a la persona que le daba clase
y defendí al muchacho con pasión.
De tal forma que aquel hombre
quedó tan impresionado
que me propuso ser profesora de su academia.
Allí que me fui.
En pocos meses daba clase al setenta
por ciento de los chicos.
La mayoría quería asistir a mi clase.
El problema fundamental que tenía allí
era que este hombre bebía.
No me gustaba nada el ambiente
justo por esto.
Lo comenté en casa diciendo que estaba
pensando abrir mi propia academia.
Dorita.
En
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