viernes, 9 de enero de 2026

Escrito 263

 Mis clases las impartía 

en la casa de los alumnos.

Pronto empecé a trabajar con un número 

considerable de ellos.

El primero tal vez el más difícil.

Le costaba muchísimo entender 

y retener.

Hizo grandes progresos.

Su profesor no lo reconocía.

Me presenté en el colegio,los jesuitas,

y busque a la persona que le daba clase

y defendí al muchacho con pasión.

De tal forma que aquel hombre 

quedó tan impresionado

que me propuso ser profesora de su academia.

Allí que me fui.

En pocos meses daba clase al setenta 

por ciento de los chicos.

La mayoría quería asistir a mi clase.

El problema fundamental que tenía allí 

era que este hombre bebía.

No me gustaba nada el ambiente 

justo por esto.

Lo comenté en casa diciendo que estaba

pensando abrir mi propia academia.

Dorita.


En 

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