Cuando los domingos dejé de dar clase
para recuperarme un poco
íbamos juntas al Gregorio a estar con
los muchachos.
Planteábamos árboles y hacíamos
muchas actividades con ellos.
De esta forma no me quedaba sola
dando vueltas en mi cabeza
a mis neuras.
Ella sufría también escuchándome
la sarta de estupideces que la contaba.
Por las tardes de los domingos,al anochecer,
nos íbamos a San Pedro de Cardeña
a participar de Vísperas con ellos.
Me sentía fenomenal allí.
Había por allí libros con los que podíamos
seguir sus rezos y sus cantos.
Más adelante no solo asistiríamos a
vísperas sino a otro tipo de rezos
durante otras horas del día.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario