Ella trabajaba en el Gregorio Santiago,
un centro de protección de menores,
con gran responsabilidad y entrega.
Venía todos los días a verme.
Se quedaba asombrada de todo lo que
trabajaba.
Salíamos rápidamente a tomar un café
y volvía a trabajar desafortunadamente.
Ella también lo tenía crudo.
En el centro convivía con niños
cargados de problemas.
Todos habían llegado allí como consecuencia
de graves situaciones familiares.
Las dos actuábamos como auténticas
madres.
Recuerdo cuando iba a los centros
se pegaba con quien hiciera falta
hasta conseguir que sus profesores
fueran conscientes de que aquellos
muchachos necesitaban una atención
mayor y especial.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario