Reconozco que en aquellos años
no tomaba caliente más que el café
de la mañana y el de después de comer.
Sano sí.
Me sentía feliz porque al final de mes
tenía el dinero suficiente para pagar
mi crédito.
Había alguna vez que no llegaba a juntar
lo necesario.
No lo pedía en casa.
Mi amiga Delia me ayudaba y en la menor
brevedad de tiempo se lo devolvía.
También gozaba de la ayuda incondicional
de mi prima M.J. somos como hermanas.
Es la que me dice verdades como puños
pero es tan exigente como lo era mi madre
y eso a veces me saca de quicio.
Dorita.
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