Mi amistad con la familia
que tuvo que irse a México dura hasta
hoy en día.
Recuerdo que en los paseos con esta mujer
me iba diciendo que clave de vivir
contenta era en saber que todos formamos
una unidad.
Me invitó a no dejar entrar en mi mente
ningún pensamiento negativo.
Observarme y cambiar de idea
cuando intentaban apoderarse
de mí.
Saber que yo era dueña de mi cuerpo
y de mi mente.
Que ellos eran mis instrumentos
y que yo no era su esclava.
Me decía también que esto era
lo que debía trasmitir la iglesia Católica
y que debía ser asignatura en las escuelas
e institutos.
Dorita.
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