sábado, 10 de enero de 2026

Escrito 283

 El miedo,poco a poco,

también fue calando en nuestra 

familia.

A ver lo que nos estaba ocurriendo,

muchos de nuestros clientes se sinceraron

con nosotros hablando con claridad

de lo difícil que les estaba resultado 

vivir en el País Vasco y como se estaban

planteando abandonar el lugar.

Fueron años de angustia.

El contemplar a personas que querías

volver a pasar las vacaciones con 

catorce o quince kilos menos y demacrados

se que caía el alma a los pies.

Como las agresiones a los cristales 

continuaban y mis padres seguían 

bajando le aconsejaron hacerse con 

un arma y que de alguna forma 

se supiera que la tenía.

Tuvo mi padre que comprarla y 

legalizarla.

Consiguió el permiso,dadas las circunstancias,para poseerla.

En cuanto la situación se empezó 

a normalizar mi padre se la vendió a bajo

precio a quien se la había comprado.

Ninguno en nuestra familia queríamos 

tenerla en casa.

Dorita.

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