El caso es
que ya en 1971
andaba Delibes padres
muy preocupado
por el descenso de golondrinas
y murciélagos.
Pues bien
puedo decir con agrado
que ya desde la primavera
he contemplado en Reinosa
y Aguilar multitud.
En Rucandio en Julio
no digamos...
en casa de mi tía Nieves
se pasean como Pedro por su casa.
Las miran ilusionados
y las dejan hacer
lo que las de la gana.
En los aleros de la casa de la Faustina
no cabe un nido más.
En la leñera de nuestra casa
habitan junto a los murciélagos.
Ni entro allí
para no molestar.
Y el cielo...
el cielo de Rucandio
no puede estar más feliz
contemplando sus idas y venidas.
Dorita.
Dorita.
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