También me hice amiga en clase
de una chica encantadora
perteneciente al Opus Dei.
La pobre andaba alarmada con
lo que la contaba y rezaba con fuerza
para que abandonara al grupo.
Independientemente de que no
compartía su forma de vivir la espiritualidad me daba mucha muchísima seguridad.
Me sentía profundamente querida por
ella y me hacía mucho bien.
Me invitaba a su Residencia y como flojeaba
con las matemáticas le ayudaba
todo lo que podía.
Cuando volvimos de clase me invitaba
a comer aceitunas.
Me acuerdo que para escandalizarla
una vez en tiempo de cuaresma
le dije que me estaba comiendo un
rico chorizo que me envió mi madre.
Creo que era un viernes.
Sé que era un día que no se podía hacer
y a mí me parecía algo absurdo.
Dorita.
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