sábado, 3 de enero de 2026

Escrito 220

 Estaba empeñada en que hiciese

ejercicios espirituales.

Me negué en rotundo.

Una cosa era la amistad y otra que 

empezará a introducirme en las cosas

del Opus Dei.

Pero era tan obstinada que una vez 

me envió un taxis para que me recogiera

en la residencia y me llevara al lugar

donde empezaban.

Me enfadé muchísimo con ella.

Poco a poco empecé a encapricharme

con el profesor de Física.

Era bastante raro y con un tic nervioso 

que le obligaba a menear de forma 

compulsiva la pierna derecha.

Fumaba muchísimo.

Se lo tenía muy creído.

Se consideraba un excelente profesor.

No lo era.

Dorita.

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