Estaba empeñada en que hiciese
ejercicios espirituales.
Me negué en rotundo.
Una cosa era la amistad y otra que
empezará a introducirme en las cosas
del Opus Dei.
Pero era tan obstinada que una vez
me envió un taxis para que me recogiera
en la residencia y me llevara al lugar
donde empezaban.
Me enfadé muchísimo con ella.
Poco a poco empecé a encapricharme
con el profesor de Física.
Era bastante raro y con un tic nervioso
que le obligaba a menear de forma
compulsiva la pierna derecha.
Fumaba muchísimo.
Se lo tenía muy creído.
Se consideraba un excelente profesor.
No lo era.
Dorita.
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