La chica que me vendió el local
no era mala...
tampoco trigo limpio.
Como trabajaba tanto.
Tenía grupos y algunos días llegué
a dar clase hasta a cien alumnos.
Una locura.
Feliz.
Los niños aprendían y empezaba a ser
muy conocida en el barrio.
Esta mujer empezó a decirme que iba
a poner ella ,contratando profesores,
otra academia en el local de su propiedad
al lado del que me vendió.
Empecé a agobiarme y terminé
por comprarlo también.
Ya no tenía tiempo ni para respirar
para conseguir el montante mensual
que tenía que entregar para salir adelante.
Dorita.
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