Quiso la vida
que una hermana de la Lasa enfermara.
Eran las dos propietarias
del hotel Roma.
No la quedó más remedio que irse
a cumplir con su obligación familiar.
Quiso también la vida
que llegara una joven,
que acababa de licenciarse en Exactas,
llamada Zubizarreta .
Esta mujer se quedó asombrada
de como se había estado enseñando
las matemáticas en nuestra clase.
Cambió de tercio y nos empezó
a sacar a la palestra por ver si
razonábamos o nos habíamos
estado aprendiendo las cosas de memoria.
Cuando salí yo.
No tenía nada que perder.
Tenía asumido que no sabía nada.
Atentamente intenté responder
a lo que me preguntaba.
Se quedó sorprendida y dijo:
"Menos mal que encuentro
a una niña que piensa".
Mi tabla de salvación con las matemáticas.
Desde ese momento me han encantado
las matemáticas.
Dorita.
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