El ver como su vecino le había
cortado el cerezo la sumió
en un ataque de ansiedad
no había forma de tranquilizarla.
Hablé con él tal vecino
y lo que me dijo era que daba pocas
cerezas.
Lo cierto es que se preparó una leñera
sin tener en cuenta si aquello que estaba
haciendo era lo correcto o no.
Simplemente allá que te voy.
La otra persona perjudicada por su acción
acababa de morir .
Se puso en contacto con una señora
que había trabajado en el juzgado
y que también estaba muy enfadada
con el muchacho en cuestión.
Había tenido juicio con ellos y había
ganado.
Resultó que la madre de este chico,
que hoy roza los cien,
un buen día se despertó pensando
que la que había trabajado en el juzgado
tenía sembradas patatas en una finca
que a su buen entender era de los curas
de antaño de los que su difunto marido
era descendiente.
Dorita.
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