Mi padre nos llegó al Norte
de Granada.
De pequeña, nos íbamos
una vez al año a visitar a la familia de allí.
No fue hasta después de llevar
diez años trabajando cuando realmente
entable con ellos una bella amistad.
Mis abuelos tenían una casa en Gor
y un cortijo que utilizaban
para los aperos de labranza.
Lo que mi padre relataba con más viveza
fue cuando llevaron a mi abuelo
Eduardo al patíbulo.
Al parecer para ganarse un dinero extra
mi familia permitía cazar en sus tierras
a personas tachadas de derechas.
Fue suficiente eso y que frecuentaba
la Iglesia para que le llevarán a matar.
Tuvo la fortuna de que la persona
que debía realizarlo comenzó a llorar
diciendo que no podía porque
mi abuelo le había dado muchos veranos
trabajo segando.
Gracias a ello mi abuelo continuó con vida.
Era muy franco y muy fuerte.
Enamorado hasta la médula
de mi abuela María.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario