Me contaba mi madre
que cuando ella era pequeña
había una señora muy mayor
llamada Colasa a la que encantaban
los caracoles.
Pagada la perra gorda a los niños
que se los proporcionaban.
Los colocaba en una parrilla
y directamente sobre las ascuas
los asaba y se los comía.
¡Sin limpiar!.
Eran otros tiempos.
Los productos químicos en los pueblos
ni los olían.
Dorita.
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