Tantas veces,mi padre,
nos contó la historia y lo que le gustaba
cazar...
que cuando a los treinta y cinco años
me acerqué para conocer el lugar
me decepcionó.
Mi imaginación había fabricado
un lugar que nada tenía que ver
con la realidad.
Pero claro...
cuando mi padre era pequeño allí
había almendros,olivos,las fincas estaban
cultivadas...
y cuando yo llegué
los almendros estaban secos,
quedaban olivos llenos de maleza
y los campos yermos.
El cortijo pertenecía a unas encantadoras
primas que no dudaron
después de oírme relatar mis recuerdos
imaginarios en querérmelo vender
a bajo precio.
Me hubiera gustado
pero estaba trabajando como profesora
en mi academia de Burgos.
Toda la familia insistía en que me fuese
a vivir allí con ellos.
Gozaban de un alto nivel de vida
y me propusieron facilitarme
en abrir una academia allí en Baza.
Tentador.
No podía abandonar un proyecto
en el que había puesto
alma,vida y corazón.
Dorita.
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