Inma,
te contaré algo que me ocurrió
en Strasburgo.
Ahora reflexionando sobre mi vida
pienso que tengo mucho que agradecerle
a mí abuela.
Callarme está boquita y no quejarme
de los traumas.
Gracias a todo lo que me contó
jamás me he metido en cosas
que no me pertenecieran.
Mira allí conocí ,entre otra mucha gente,
a un muchacho vasco
que había estudiado en Deusto
y que su responsable académico
un Jesuita le preparó todo para que estuviera
viviendo ese año allí,en Strasburgo.
Hizo lo indecible para que saliera
con él.
Era guapo de eso no cabe duda.
Estaba impregnado de tristeza
y eso me echaba para atrás.
Al final me contó su grave problema.
Había muerto su padre y él andaba
con la mosca detrás de la oreja
porque era un empresario con muchísimo
dinero.
Contrató un detective y lo que descubrió
casi le lleva a la tumba.
Era su propia madre quien lo había
liquidado.
Dudé si salir con él o no.
Creo que hice muy bien diciendo
que no.
Dorita.
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