Se lo fue contando a mi madre
y toda la gaita.
Ni mi madre recordaba si era cierto o no.
Lo que sí que es cierto
es que ya con más de noventa
cogió una azadilla y sacó toda la finca
de patatas.
Podían ser hasta 1000 kilos y lo serían
porque llamó a Caritas
y vinieron con una furgoneta a por ellas.
Pero...
la buena mujer no tenía papeles
que avalarán que lo que decía era cierto
y la del juzgado ganó.
La tuvo que pagar las patatas y cargó
con la deshonra.
Así que la propietaria del difunto cerezo
acudió a ella en busca de ayuda.
No sé en qué habrá terminado la película.
Si que la he felicitado por Navidad
pero no he querido poner el dedo
en la llaga.
Dorita.
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