Y estando leyendo
me ha venido a mientes la imagen
de mi abuela Catalina y la mía propia
andando juntitas.
Ella con un atillo de hojas de berza
sobre un trapo muy bien recogido
en forma de circunferencia y todo
ello sobre su cabeza.
Vamos como las imágenes que nos
llegan de las mujeres africanas.
Otros dos en cada mano.
Yo con otros dos más pequeños
en mis manos.
Los mayores solian decir:
"La ayuda del niño es poca,
quien la desaprovecha es tonta".
Todas esas pencas iban destinadas
a la alimentación del ganado.
También acude a mi mente
la habilidad con la que mi abuela
y madre eran capaces de hacer las
lazadas y la fuerza que hacían
con su rodilla sobre las pencas
para que quedaran perfectamente
atadas y no se movieran del atillo
hasta que llegáramos al lugar
donde debían ser utilizadas.
Dorita.
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