Llegué a Besancon
como una ingenua chica de provincias.
Los ángeles,que nunca me faltaron,
me ayudaron a salir airosa
de la multitud de situaciones
en las que me iba encontrando.
El tipo de alimentación, el horario de comidas,el sabor del café y ya ni hablar
de esos retretes franceses que teníamos
en el centro de enseñanza de francés
para extranjeros en el que estuve.
Imposible de adaptarme.
Los olores,la incomoda posición
para hacer nuestras necesidades.
La residencia universitaria de aquel lugar
en ese tiempo por lo menos era mejorable.
Nada que ver con las cómodas e
impecables residencias en las que yo
había vivido tanto en Valladolid
como en Salamanca.
Entre ellas dos patrimonio histórico
como "La Torre del aire" en Salamanca
o la residencia de las Teresianas
de Poveda también en Salamanca
en el cogollito de las Universidades.
Pero ese sentirme fuera de España
y tener que ir resolviendo en idioma
extranjero era para mí algo bello.
Dorita.
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