Cohabita en mi corazón
junto a mi infancia,
antes de ir a la Enseñanza,
una historia que me desgarraba.
Me hablaba mi abuela de una señora
más o menos de su edad
que vivía en una casa situada
un poco más abajo de la suya.
Era una mujer guapa
con un marido que la adoraba.
No recuerdo cuáles eran sus problemas
pero caminaba muchas veces
de nuestro pueblo a uno vecino
a unos cuantos kilómetros de distancia.
Mi abuela insistía en que su auténtico
problema fue el ocio.
Su marido la dejaba absoluta libertad.
A saber.
Lo cierto que esta mujer se picó al vino.
Volvía de aquel pueblo borracha.
Con mi abuela era un ser especial.
Se apiedaba de la vida con tantas estrecheces
que llevaba.
En una ocasión se presentó con angulas
para compartir con ella.
Lo cierto es que un día que las hijas
discutieron con ella al volver ebria
cogió matarratas y se suicidó.
Nada pudieron hacer por ella.
Toda la familia hizo piña.
Jamás se comentó nada de ello en el pueblo.
Yo les adoro a todos ellos.
Dorita.
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