Después de tirar la basura
me dije que un cafetito me sentaría
muy bien.
A mi mente ya la tenía aleccionada
de nada de tonterías...
alegría y buena vibra por bandera.
Sabía lo difícil que me resultaría
encontrar un bar abierto.
La mitad de la población había comido
en familia y se había ido a dormir
a altas horas... también los propietarios
de estos establecimientos y...
aquellos que habían estado atendiendo
a los jóvenes hasta el amanecer
dormían.
Al final después de recorrer varias
manzanas, encontré uno abierto.
Su aspecto tétrico.
Al entrar,el primer fogonazo
alguna de las excelentes descripciones
de Lászlo Krasznahorkai.
Un borracho aporreando una máquina
tragaperras con una cerveza sobre
uno de sus bordes la estaba hablando.
La reñía porque no le escupía monedas.
Al borde de comenzar a atizarla
tomo la sublime decisión de salir a la calle
para que le diese el aire.
Dorita.
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