sábado, 27 de diciembre de 2025

Escrito 166

 A la chica en cuestión,

cuyo nombre ya no recuerdo,

se la saltaban las lágrimas de agradecimiento.

Salimos todos de clase bien calladitos

pero al día siguiente se presentó 

la buena mujer con un anillo de oro

y un rubí engarzado.

Le expliqué que no era la primera vez

que hacía eso.

Que soy muy impulsiva y defensora

en muchas ocasiones de causas perdidas.

Que no aceptaba el regalo.

No hubo forma de convencerla.

Además no paró hasta presentarme 

a su novio e invitarme a su vivienda 

a degustar las comidas típicas del lugar.

Lo que recuerdo como excepcional 

fue una comida en la que preparaban

a parte queso fundido y lo vertían

sobre ella.

No recuerdo los otros ingredientes.

Dorita.

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