El día que mi padre aterrizó
en Rucandio era domingo y el alcalde Amador estaba trillando en una era
con una pareja de bueyes.
Pensó: " Pero donde he venido yo
que ni siquiera se respetan los
domingos.
En su casa se palpaba la miseria.
Allí vivió una temporada.
Su alquiler ayudaba.
Después en la casa de los resineros
que andaba vacante.
Al parecer un día desde la Peña del
Mediodía pudo ver como abajo
en el Valle una señora intentaba cargar
sin éxito los serones a un burro.
Bajó y le ayudó.
Fue este hecho desinteresado
por lo que a mí abuela le cayó en gracia
y en su día permitió
la boda con mi madre.
Dorita.
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