martes, 9 de diciembre de 2025

Escrito 78

 Paco ,el de la difunta Emilia,

ya era un hombre hecho y derecho

cuando yo era un renacuajo.

Me quedaba ensimismada

oyéndole silbar.

Me fijaba como colocaba los labios 

y lo intentaba...pero nada.

No había forma de que me salieran 

bellos sonidos.

Ni sonidos.

Era capaz de que por su boca 

saliesen las más bellas entonaciones.

Al final,lo logré.

Ni de lejos lo que él hacía.

La señora Emilia,en la Iglesia,

también me deslumbraba 

con su cantó agudo y delicado.

Nadie lo hacía mejor.

Yo pensaba que a lo mejor se esforzaba 

más por tener un hijo Carmelita.

Un auténtico Santo.

Ángel,era su nombre, y mi tía Concha

no sé separaban de niños.

La Nisi su hermana me dijo ya de mayor

que jamás hubiera pensado 

que estos dos acabaran en la vida 

consagrada.

Los dos de una bondad poco común.

Dorita.



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