miércoles, 10 de diciembre de 2025

Escrito 83

 La Iturriaga era un primor.

Un solete de mujer.

A las internas nos adoraba.

A todas pero yo era su enchufada.

Ese amor desinteresado la llevó 

a presentarse por las noches 

y decirme lo que me iba a preguntar 

al día siguiente.

Ese fue el comienzo de mi salvación.

Al llegar a su clase me preguntaba

yo lo decía y ella parecía asombrarse

de lo bien que lo sabía 

y me alababa con efusividad 

y las niñas se extrañaban

pero yo me sentia la mujer más feliz

del mundo.

Dorita.

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