La Constancia era capaz
de tranquilizarme.
Muchas veces me recitaba
lo que ella llamaba
Padre Nuestro Chiquitín:
"Padre Nuestro Chiquitín
Dios nos libre de un mal fin.
En aquellos olivares hay unos ricos altares.
Hay una paloma blanca.
Más Blanca que los cristales.
En el pico lleva oro.
En las patas pan y clemén.
Clemén mí, clemén tí.
Clemén todos los que estamos aquí.
Menos en aquel judío
que a Jesucristo enclavó.
Jesucristo era mi padre.
Santa María mi madre.
Los ángeles mis hermanos
me llevaron a Belén.
Desde Belén al Calvario.
Desde el Calvario a la fuente.
Allí estaba S.Vicente
con una cruz en la frente.
Para que el diablo no le tiende.
Ni de día,ni de noche...
ni en la hora de la muerte.
Jamás se lo volví a oír a ninguna otra persona.
Yo revelaba y pensaba que era distinto
del del cura y como.mi.abuela me contó
que la Constancia y el Elíseo
se habían unido legalmente
el tiempo de la República.
Yo tenía miedo de si no sería
algo sacrílego también.
Dorita.
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