miércoles, 3 de diciembre de 2025

Escrito 34

 Los niños de Rucandio 

me cogieron el punto.

Empecé a ser blanco

de sus juegos.

En cuanto veían que bajaba 

por la pindia calle de la Iglesia 

♾️ alguno salía a mí encuentro 

explicándome cual era mi último pecado.

Yo para el por si a caso a casa 

de D.Domingo a confesarme.

Las confesiones se hacían 

en la Iglesia.

Los dos en buena armonía 

a subir por unas cuestas de cabras

hasta llegar a la Iglesia 

desde cuya barbacana 

se contempla tanto el pueblo 

como las tierras de cerezos y manzanos.

Le tenía harto.

Muchas veces me convencía 

de que no tenía pecados.

Otras probaba a tocarme el acordeón 

para ver si me tranquilizaba.

Esta faceta no la conocía 

nadie en el pueblo.

Dorita.

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