Entre el pueblo y la crederia
había un camino.
En la parte derecha bajando
de Rucandio brillaban las luciérnagas.
Cuando le pregunté a mí madre
sobre ellas me contó
que la señora Encarna de Hozabejas
y Celedonio de Rucandio
estaban enamorados .
Sus familias no querían esta unión.
Pero ellos se escribían cartas
machacando las partes
que hacían brillar a las luciérnagas.
Cuando eran interceptadas
no las podían leer.
Ellos por la noche sí.
Dorita.
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