De la rabia el buen Antonio
dejó embarazada a la Nuncia.
Seguía enamorado de mi madre.
Un día fue a la tierra donde
estaba sayando arvejas
y la dijo que la seguía queriendo.
Mi madre le respondió:
"Cumple con lo que has hecho".
La criatura llevó por nombre Antonio.
Acaba de morir el año pasado.
Mi padre por esas cosas de la vida
también se llama Antonio.
Dorita.
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