Al volver de Francia
fue enviado a la universidad de Deusto
para contar el trabajo de los obreros
durante una de las remodelaciones
de la Universidad.
Me hablaba de la fuerza
de los que procedían de los caseríos.
Un poco acomplejados por la no
utilización de un correcto
castellano pero trabajadores incansables
capaces de levantar una carretilla
como si de una pluma se tratase.
Cuando terminó allí
quisieron que diera clases de francés
en El San José de Valladolid.
Hablaba el Francés con perfección
pero mi tío dijo
que de maestrillo
imposible.
Terminó llevando una enorme finca
en la Rondilla junto al río.
Dorita.
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