lunes, 1 de diciembre de 2025

Escrito 21

 Nada de extrañar,

nada de extrañar 

que mi Madre quisiese

que alguno de sus hijos fuese médico.

Me viene a la mente

como siendo novia de mi padre

enfermó de tal forma Elenita.

No sé qué le pasó.

Sí que su vida pendía de un hijo.

Nevaba y mi padre cogió la bicicleta

y a buscar a D.Benito.

Las nevadas en aquellos entonces 

en la zona eran mayúsculas.

Tanto frío hacía que...

tuvo que quitarse los calcetines 

y ponérselos como si fuesen guantes.

Así unos siete y ocho kilómetros 

la distancia entre

Rucandio y Salas de Bureba 

donde vivía el doctor.

Dorita.

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