Nada de extrañar,
nada de extrañar
que mi Madre quisiese
que alguno de sus hijos fuese médico.
Me viene a la mente
como siendo novia de mi padre
enfermó de tal forma Elenita.
No sé qué le pasó.
Sí que su vida pendía de un hijo.
Nevaba y mi padre cogió la bicicleta
y a buscar a D.Benito.
Las nevadas en aquellos entonces
en la zona eran mayúsculas.
Tanto frío hacía que...
tuvo que quitarse los calcetines
y ponérselos como si fuesen guantes.
Así unos siete y ocho kilómetros
la distancia entre
Rucandio y Salas de Bureba
donde vivía el doctor.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario