viernes, 5 de diciembre de 2025

Escrito 57

 Me encantaban los relojes.

Teníamos en la cocina uno

que lo faltaba la esfera de cristal.

Las manecillas al descubierto.

Era de los de dar cuerda 

todos los días.

Como era viejecito,

cada vez le costaba más 

y la cuerda duraba menos.

Mi abuela le ayudaba colocando ajo

en el centro donde se unían 

las manecillas.

Duró hasta que mi padre trajo de Oña

uno nuevo.

Juntó mi madre los puntos

que venían en las cajas de detergente 

y con un poco de dinero 

lo consiguió.

Dorita.




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